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Nuestro pequeño hogar

Hola a todos… me alegro mucho de comunicaros la primera colaboración externa en el blog “Uyquecosas”. Hoy os presento, y os dejo en manos, de una astrofísica de la Universidad de la Laguna…
Este artículo se ha gestado entre charlas intempestivas (por la hora) ,en las que esta chica nos ha encandilado hablándonos de los aspectos más científicos, pero también más poéticas, de nuestra galaxia, “La vía láctea”. Con ella compartimos una común visión de las cosas, que nos hace ver este pequeño mundo en el que vivimos como un ecosistema único y frágil, al que debemos tener presente en cada acto de nuestras vidas…
Y qué os prometo yo en esta entrada? Un óptica diferente y rigurosa sobre los temas que aquí solemos tratar, más científica, pero no por ello menos falta de solidaridad y comunión con el medio. Espero que lo disfrutéis tanto como lo he hecho yo… Soberbio! Y a ti, Felicidades! Tú sabes por qué…
“Nuestra dimensión en el Cosmos”
La famosa imagen de la Tierra obtenida desde el espacio por la nave Apolo 17 en los años 70 cambió nuestra percepción sobre nosotros mismos. Todos reconocemos que pertenecemos a ese mundo, aunque en la imagen solamente aparecen la Antártida, África y parte de Oriente Medio: las fronteras no tienen ninguna relevancia. Todos los seres que hemos conocido, o que han existido, y existen, están ahí, en ese mundo azul de nubes blancas.
En 1990, las naves Voyager ya habían visitado, entre las dos,  Júpiter, Saturno, Urano y Neptuno (culminado así una de las misiones espaciales más exitosas de la historia). Entonces, a un científico se le ocurrió, recordando la famosa imagen de la Tierra vista desde la Luna, ¿por qué no hacer que una de las naves eche un vistazo hacia casa desde más allá de la órbita de Neptuno, el lugar más lejano jamás visitado?
Una de las Voyager giró entonces su cámara hacia el Sol que, visto desde esa distancia, parecía envolver con su resplandor a los pequeños y lejanos planetas rocosos Mercurio, Venus, la Tierra y Marte. La imagen que tomó fue escalofriante: nuestro planeta, apenas visible, no era más que un puntito en medio del vacío; no podían verse las familiares nubes de vapor de agua, ni los océanos, ni los continentes, ni mucho menos signo de vida alguno. Todo se reducía a un insignificante punto: todos los seres humanos que han existido y existen, los animales, las plantas, las rocas… ¡absolutamente todo reducido a un punto!
¡Pero significa tanto para nosotros ese punto insignificante! Porque es el único lugar del universo conocido en el que existe la vida, una forma de materia más bien rara y escasa en el universo.Ese punto es una joya, y, dándonos cuenta de lo precioso y único que es, como tal deberíamos cuidarlo.
Más aún: porque todo se funde en un solo punto, nosotros somos ese punto, y cuidar de él es cuidar de nosotros mismos.
Además, ser diminutos a escala cósmica no debiera hacernos sentir insignificantes: los átomos son diminutos y ellos constituyen la esencia de todo cuanto existe. Y para los átomos, los humanos somos auténticos universos, pues tenemos respecto de ellos un tamaño colosal: nuestro cuerpo contiene cerca de 7×1027 átomos (un 7 seguido de 27 ceros, es decir, unos 7000 cuatrillones). Si en una galaxia hay unos 200 mil millones (2×109) de estrellas, y estimando que hubiera unos 2 billones (2×1012) de galaxias en el universo conocido, entonces en el universo habría 4×1021 estrellas. (Este número es aún mayor que el de todos los granos de arena de todas las playas de la Tierra.) Entonces, solamente en nuestro cuerpo habría ¡más de un millón de veces más átomos que estrellas en el universo conocido!
El reconocimiento de nuestra dimensión verdadera en el universo nos enseña, o debería enseñarnos, a ser humildes y a cuidar de nuestro extraordinario planeta y de los seres que lo comparten con nosotros, y nos acerca a un mayor conocimiento sobre nosotros mismos. Porque como decía Sagan, el científico al que se le ocurrió que la cámara de la Voyager mirase hacia atrás, “somos la forma que tiene el cosmos de conocerse a sí mismo”.
Sugerencia de lectura
SAGAN, CARL: Un punto azul pálido. Editorial Planeta.
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Es racismo???

Me da miedo el proceso al que estoy asistiendo, miedo, es la palabra que mejor lo define…
Todos tenemos (en algún grado) miedo al porvenir, sobre todo con el panorama que nos están pintando los políticos y banqueros. Miedo a “acabar” como Grecia, al filo de la bancarrota… a pesar del fuerte turismo que genera cada año, miedo a no encontrar un trabajo digno, miedo a volver a condiciones laborales propias de la Revolución Industrial, etc.
Creo que no hay nadie que se salve de esta sensación de psicosis que los mass-media están fomentando con sus noticias interesadas y partidistas. Porque si en algo tiene razón Juanjo Millás en esa “maravillosa campaña” de “Estoloarreglamosentretodos”, es en que si la crisis pudiese compararse con los factores ambientales y meteorológicos, la realidad mantiene unos preocupantes -1º , mientras que  ellos (políticos, mass-media, bancos, etc.), están rebajando nuestra “sensación térmica” hasta los -11º, como un viento molesto y frío que no nos deja pensar y nos hiela el cerebro.
Sin embargo, y como educadora social… todavía tengo muchísima esperanza puesta en las “personas”, en todas y cada una. Nuestra capacidad de adaptación y de lucha nos ha sacado de situaciones mucho peores, porque recordemos que, existen generaciones que todavía han vivido una post-guerra, una de las peores coyunturas económicas que puede pasar y superar una sociedad.
A lo que yo digo NO es a la manipulación que ciertos partidos políticos y “lobbies” pretenden llevar a cabo.
Acabo de leer un mail, de los ya muy numerosos (cosa que me preocupa profundamente),  que se queja de la “deslocalización” de servicios, por parte de las multinacionales,  hacia países en vías de desarrollo,  poniendo en el centro de la diana a los extranjeros. Este mail nos propone que cada vez que un “sudamericano” nos atienda en dichos servicios, simplemente le digamos “Quiero que me atiendan españoles” y colguemos… Bueno, además de que las “rencillas” y “quejas” o la poca satisfacción,  nada tienen  que ver con las decisiones de estas empresas (hecho comprobado) … les importa un pito si nos sentimos bien o mal atendidos en lo que respecta a su “atención al cliente”, ya que siguen teniendo millones de nuevos clientes (solo tenéis que ver lo a tope que están siempre las tiendas de móviles, cosa que yo no alcanzo a comprender…la gente se compra móvil cada 6 meses? )…
Esto es, a pesar de nuestra insatisfacción, seguiran “deslocalizando” al igual que Inditex u otras conocidas marcas como Alcatel, Ericsson, Samsung, Phillips (entre otras) que compiten a nivel internacional, siempre y cuando las políticas económicas se lo permitan…
“La deslocalización es uno de los problemas y oportunidades causados por la globalización económica.
Que estas empresas triunfen en la economía global no beneficia en absoluto a los trabajadores y las trabajadoras del país. A los ganadores del sistema les importa poco el bien común de países, naciones o comunidades. Ni en su país de origen, ni en los países donde trabajan tienen como misión generar puestos de trabajo estables, ni fortalecer las redes de pequeñas empresas, ni reforzar los mercados locales, ni hacer respetar los derechos laborales y humanos más básicos. Su misión es el generar dinero y crecer, y las personas constituyen una de las materias primas necesarias para ello” (Extracto Wikipedia “Deslocalización”).
” los empleos de los “Call Centers” de España, se están deslocalizando a países de Latino-américa y a Marruecos, por el conocimiento del idioma – por lo que cobra un teleoperador en España se pueden pagar tres en Argentina, cinco en Marruecos y casi siete en Colombia o Perú”  López y Zabot. (2006). La deslocalización de empresas como fenómeno de la globalización: sus efectos en el capital intelectual. Revista de Investigación de la Fac. de Ciencias Administrativas. (vol.9 nº 17). Lima.
Según estos estudios, la deslocalización ha provocado una pérdida de empleo en TODOS los países del mundo (una vez más, no somos un caso especial), habiéndose provocado una pérdida global de unos 185,9 millones de puestos de empleo, incluidos aquellos países que serían beneficiarios de la “deslocalización”,  como Hungría o Checoslovaquia.
Todo ello, y como no podía dejar de mencionar, causando un gran deterioro de los ecosistemas de “acogida” de estas empresas, “al carecer el país de destino de controles ambientales o de sensibilidad para evaluar los daños apropiadamente”.
Por tanto, tendría que “volver a nacer” para comprender cómo resolverá el problema la solución que proponen… Lo que sí creo es que detrás de estas cadenas de reenviados, cada vez más frecuentes, existen malintencionados objetivos de manipulación y creación de un clima de desconfianza y de rechazo a todo aquello que no sea “por” y “para” españoles.
Por parte, sobre todo, de los diseñadores de estos “consejos pedagógicos” y desinteresados que alcanzan un grado de extensión similar al virus de la gripe, a través del uso de contactos de amigos y conocidos, eso sí, sin mencionar fuentes fiables… pero, qué pasa si a mi vecino y amigo uruguayo , le contratasen en territorio español como teleoperador y le contestasemos una y otra vez “Quiero que me atienda un español” ???
Para empezar:
1. A pesar de su acento, es ciudadano comunitario… con lo cual estaríamos incurriendo claramente en una conducta racista
2. Acabarían despidiéndole. Por tanto,estaríamos vulnerando su derecho al trabajo y… oh no! se convertiría en usuario de nuestros servicios sociales. Qué aprovechado! ( estoy tratando de ironizar)
Así, que si queréis que el mundo cambie, la solución no es cerrarse en banda o fomentar el rechazo. La solución pasa necesariamente por manifestarse, participar de la sociedad civil, participar en asociaciones o partidos políticos, etc. Supongo que es mucho más cómodo coger el teléfono desde tu sofá y decir “quiero que me atienda un español, con acento español” (jejeje) , pero es completamente inútil. Así que la próxima vez que los sindicatos, ong’s (… ) se manifiesten por los derechos laborales… QUÉJATE!
Por último, me gustaría aportaros una reflexión… ¿ Por qué nos desvivimos y emocionamos al ver imágenes del terremoto de Haití; mandamos dinerito, acogemos a niños (…), y cuando el que nos pide ayuda vive en la misma ciudad,  giramos la cara con indiferencia o asco? No seamos hipócritas, reflexionemos y actuemos en consecuencia…