11

2001: A space Odyssey. Mi revisión de un clásico

Cómo se nota que llueve en Valencia, no se puede salir a la calle!  Y uno piensa… qué mejor que “trastear” en Internet, actualizar blogs y aprovechar para ver viejas pelis…
Ayer recuperamos el clásico de Kubrick;  “2001”, una película no apta para “culos inquietos” ni  adictos al más puro cine de acción, pero una joya cinematográfica en muchos sentidos. Una fotografía espléndida, unos efectos especiales que todavía te hipnotizan 40 años después y una historia inquietante de suspense ,  que bucea hasta los confines de la evolución humana y el sentido de la vida y el universo.
Os recomiendo volver a verla,  años más tarde… a mi me la ponía mi padre de pequeña y me moría del asco casi tres horas (sobre todo porque no estaba adaptada a mi edad), pero estoy convencida, años más tarde, de que una gran parte de mi fascinación por la astronomía, por una estética especial que hoy en día todos reconocemos y  por una imagen recurrente de la Luna y  la Tierra vistas “desde fuera” se las debo a este Kubrick visionario, sobrio, elegante y futurista, a la vez que al contacto con la película a tan temprana edad.
Reflexión profunda sobre la inteligencia artificial, historia de suspense e imprescindible film para estudiantes de Imagen y Sonido. Un clásico que permanece en la cúspide de la ciencia ficción 40 años más tarde.
Ahhh… casi lo olvido, todo ello acompañado por una memorable banda sonora que no traslada a una intemporalidad plagada de majestuosidad y calma hasta el punto de pegarnos al televisor hasta mucho después de finalizar los “créditos”.
Anuncios
4

Nos salvará de la catástrofe la Cumbre de Copenhague?

Me he decidido a escribir este post harta de anuncios y noticias  proclamando que la “Cumbre de Copenhague” será la única medida para librarnos de un desastre medioambiental. Artistas, deportistas, cocineros de renombre (…) entre otros, se han sumado a una campaña que, como poco, me parece bastante ridícula si no se suma a otras medidas. No seré yo la que me ponga en contra de que los políticos reflexionen y hagan algo por salvar nuestro planeta “el de todos”, al fin y al cabo para eso les “pagamos”. Pero me parece ingenuo el pensar que un evento concreto, como en su día lo fue el “Protocolo de Kioto” (cuyos resultados están siendo bastante nefastos)  va a parar un proceso que continua adelante cada día con más fuerza.
Mientras en Copenhague se reunen políticos y especialistas, me gustaría que trascendiese (por ejemplo) el tipo de menú del que van a disfrutar… porque puestos a ser coherentes debería de ser vegetariano para así reducir la “huella ecológica”, asisten a diversos eventos e intentan ponerse de acuerdo sobre cosas bastante obvias, como que no podemos seguir contaminando al ritmo al que lo estamos haciendo, un iceberg de 19km. por 8 de ancho navega rumbo hacia Australia… para algunos un hecho de lo más normal!
Pero, tranquilos! los expertos y meteorólogos nos han tranquilizado diciéndonos que se desintegrará antes de llegar al continente australiano, qué alivio! Deberíais haber visto mi cara ayer cuando me enteré de que  el iceberg es tan grande que lleva encima a toda una colonia de pingüinos. Me imagino que los pobres animalitos seguirán juntos su viaje hasta que el iceberg comience a derretirse dejando a cada uno de ellos en una “parada”del Océano Pacífico. Al fin y al cabo, supongo que habrá pingüinos de sobra, no como los osos polares!  Así, los vemos repartidos en zoos y oceanográficos de todo el mundo.
No obstante, el mensaje central que me gustaría transmitir ( a pesar de haberme enrollado de esta manera) es el de que ninguna cumbre ni protocolo nos salvará la vida, ni a nosotros ni a la Tierra. Lo único que puede ponernos a salvo son nuestros hábitos, nuestras actitudes, nuestras ganas de aportar algo positivo en la lucha contra la contaminación y el deterioro medioambiental. El otro día fui al super con mis bolsas reutilizables y la cajera se nos quedó mirando con cara extraña cuando miramos la bolsa de plástico que tenía en la mano (y con la iba a embolsar nuestros productos) como si fuera el “demonio”. Luego, cuando le comenté que nos tendríamos que acostumbrar pronto a un mercado sin bolsas de plástico,  nos dijo literalmente:
-Pues…lo siento chicos, pero yo mientras den bolsas de plástico no pienso utilizar otras… es que tengo dos “nanos” y no estoy para estas cosas…
Pues vaya! Yo conozco a mucha gente que tiene niños y eso no les resulta una excusa para no poner su granito de arena… Me pareció una excusa tan burda que le dije que si tenía niños con más motivo tendría que preocuparse y me contestó que su hija reciclaba mucho. No cogió la idea de que son sus hijos los que disfrutarán o padecerán las consecuencias de sus acciones… pero lo comprendo. Sólo quiero recordaros a todos que antes de “reciclar”, está “reducir”y “reutilizar”… todo aquello que no consumamos producirá residuos cero, por tanto no habrá que reciclar. Si no utilizamos cada año toneladas de bolsas de plástico, no nos encontraremos más tarde con el dilema de qué hacer con ellas.
No me gustaría acabar este post sin poner de manifiesto dos cuestiones:
¿Es la Cumbre de Copenhague una medida más a la hora de poner trabas en el desarrollo emergente de países como Chile en lugar de una medida de control para frenar a los más contaminantes como Estados Unidos o China? Es decir, responde más a estrategias políticas y económicas que medioambientales?
¿Se puede pretender un crecimiento económico e industrial infinito en un planeta que, por definición, es finito y tiene unos límites físicos a los que nos estamos aproximando peligrosamente?